jueves, 15 de abril de 2010

El gato: sagrado en Egipto y temido en Europa.


Ya es más que bien conocido el gran amor que le tengo a los gatos . . . y a toda clase de felinos por grandes o pequeños que sean. Será por el gran tiempo que he pasado junto a ellos o por tan buenos amigos (y confidentes) que resultan ser que desde hace muchos años me identifico con ellos.


Siempre ligados a su misterio, belleza y una especie de singular anarquismo, resultan tan cautivadores que es casi imposible no quererlos . . . y cuando se sienten bienvenidos, comparten su vida con nosotros en nuestros hogares.


Dueños de una exquisita y singular belleza, nadie queda indiferente a su presencia: o los amas o los odias . . . yo soy de las afortunadas que pertenecen al primer grupo. Y es que la armonía y el equilibrio de sus formas produce un efecto de beldad insuperable y la elegancia plástica de sus movimientos, que provoca que en ocasiones pareciera estar caminando en el aire, logran mostrárnoslo como una maquinaria perfecta, sobre todo cuando despliega su destreza predatoria.


Debemos reconocer que cuando no alcanzamos a comprender un fenómeno, se nos convierte en un misterio y crece nuestro interés en el mismo. Así, el comportamiento y la personalidad del felino que tantas veces ha sido catalogado de enigmático sigue siendo, a través de los siglos , ni más ni menos que eso: un misterio.


Sólo Dios sabe quiénes iniciaron la domesticación de tan bellos seres . . . tal vez fueron los egipcios hace cuatro mil años, quizá los asirios . . . nadie lo sabe a ciencia cierta, mas su historia entre nosotros es bastante larga. Adorado en egipto por considerársele sagrado (la diosa Bastet tenia cabeza de gato), el castigo por asesinar a un felinito era la muerte. Ojalá esa ley siguiera vigente pues hay quienes consideran casi un deporte matar gatos . . . vida por vida, justo ¿no?. Realmente me gustaría que las penas por lastimar o matar animales fueran iguales a las que se adquieren por asesinar a un ser humano. ¿Sólo porque son animales no tienen derecho alguno y las fianzas a pagar por quitarles la vida son risorias?. ¿Qué los hace inferiores legalmente hablando?.

Jaime Ferrero integrante de la candidatura del
Partido Popular para la alcaldía de Talavera,
España. Ojalá su muerte sea igualmente
dolorosa y lenta a lo que hizo a estos
pobres gatitos. 

El amado . . .

Los egipcios creían que los gatos traían bendiciones a las casas de sus amos, es por eso que casi toda familia egipcia tenía uno en su hogar.  Los felinos domésticos eran tan queridos que comían igual o mejor que los miembros de la familia; de hecho, había hogares donde el gato era el primero en comer. Se sabe que los más estimados eran los de color negro porque eran extremadamente raros. En ese entonces, los gatos eran llamados miu o mii, onomatopeya un maullido.

Gatitos negros, los más preciados.

Se han preservado muchas imágenes y esculturas de la antigüedad egipcia en donde se ven gatos esbeltos y enjoyados que indican que esta civilización cuidaba y adornaba a sus felinos de una manera muy especial. Además, también se han encontrado numerosos amuletos de bronce, marfil, terracota, lapislázuli, entre otros materiales, con la forma de un gato; así como espejos de tocador con gatos tallados en el mango y cajas de cosméticos decorados con las figuras de estos animalitos.

Gargantilla y eslabones de una pulsera egipcias con motivos felinos.

Por otro lado, abundan las pinturas funerarias que presentan escenas con las mascotas de las personas enterradas, especialmente perros y gatos; estas imágenes los muestran en actividades cotidianas: comiendo, pescado, cazando al lado de su amo o simplemente sentados en reposo. Con ello se recordaba el cariño que el difunto había tenido por su gato y, simbólicamente, el animal acompañaba a su amo al mundo de los muertos.

Pintura mural en la tumba de Deir el Medina,
1250 antes de nuestra Era. 

Tanto se apreciaba a los gatos que se consideraba que todos ellos eran propiedad del faraón, aun cuando éste permitía que los plebeyos los cuidaran. Los gatos también figuraban en la interpretación de los sueños, pues se decía que si un hombre veía a uno en sus sueños tendría una buena cosecha. Otro testimonio del amor de los egipcios a los gatos cuenta que, en una batalla entre persas y egipcios, el general persa ordenó a sus soldados arrojar gatos vivos por encima de la fortaleza de los egipcios. Se dice que los egipcios prefirieron rendirse antes que permitir que siguieran lastimando así a los gatos.

Papiro funerario conocido como El gato Lapis Lázuli.

La veneración por los gatos se enlazó con la religión. El pueblo egipcio llegó a adorar a ciertos animales que se creía que encarnaban a dioses, como los cocodrilos, cobras, escorpiones, vacas, halcones y, por supuesto, los gatos. Hubo dos diosas gemelas, hijas del dios solar Ra, que se representaban con cuerpo de mujer y cabeza felina: Bastet y Sekhmet.

Las diosas Bastet (izquierda) y Sekhmet (derecha).

Originariamente, Bastet era representada con la cabeza de un león que más tarde pasó a convertirse en gato. Tal afirmación está atestiguada en el Templo funerario de Niuserra, en donde Bastet aparece como leona. Semejante iconografía también se encuentra en el Templo de Sahure; a pesar de que a la imagen le falta la cabeza, los títulos de la diosa son exactos a los del relieve de Niuserra.

En su representación con cabeza de leona, se le viene conociendo normalmente como la diosa Sejmet (Sekhmet), mencionando a esta última como la versión encolerizada de Bastet, cuando en realidad, Sejmet es una diosa egipcia distinta a Bastet. De hecho, un autor enumera varias diosas, incluyendo a una liebre, que se convirtieron en leonas y fueron identificadas con Sejmet.

Una de las tantas representaciones de Sejmet en Egipto.

En su aspecto de gato, se cree salvaje, dado que no se tiene constancia de gatos domésticos (Felis sylvestris libyca) hasta el Imperio Nuevo; se han hallado cementerios de gatos del período de Naqada. En su forma antropomorfa, lleva sobre su cabeza un tocado, un collar alrededor de su cuello y un pendiente de oro, en forma de aro, en de sus orejas o en la nariz, durante la Baja Época. A menudo es representada con con cesto en el brazo, en el que, en ocasiones, guarda a sus crías. En su mano derecha suele aparecer con un sistro y en la izquierda con un collar aegis cuya cabeza representa la de una leona, quizá para mantener esa iconografía originaria (leona, y no gato). En el Dinástico Temprano es representado con el cetro uas, atributo típico en este período de los dioses. Puede aparecer sentada en un trono, aunque lo normal es que se le represente en pie. En su aspecto guerrero, era una leona con la piel verde, asociándose a la luz del sol, siendo una diosa solar hasta la identificación de los griegos con su diosa lunar Artemisa.

Bastet y sus diversas representaciones.

Los egipcios querían tanto a Bastet que la convirtieron en la diosa doméstica y protectora de mujeres, niños y de los gatos del hogar. Las imágenes de Bastet la muestran con una cabeza de gato negro con orejas puntiagudas. Por vestimenta lleva una larga capa y frecuentemente carga una canasta que a veces contiene unos gatitos. También porta un escudo, y una sonaja llamada sistrum. Las mujeres embarazadas cargaban amuletos de la diosa-gato Bastet para que las protegiera con su escudo durante el periodo de gestación y las ayudara en el momento de dar a luz. Asimismo, se sacudía la sonaja sagrada de Bastet sobre las camas de los madres para ahuyentar a los espíritus malignos.

Escultura de Bastet.

Así pues, se dice que ambas diosas representaban el balance entre el bien y el mal en la naturaleza humana. Sekhmet era una diosa violenta, fiera y destructiva, se asociaba con la guerra. Bastet, por el contrario, simbolizaba la fertilidad, maternidad, alegría, belleza, danza y placer. A ella se le atribuía el poder de hacer que crecieran las cosechas de trigo y cebada, así como la capacidad de proteger a los seres humanos de la enfermedad y los malos espíritus. A Bastet se le asociaba con el ojo izquierdo de Ra, del dios solar; Sekhmet era el ojo derecho.

El ojo de Ra
(aun no veo la diferencia clara con
el ojo de Horus . . . ¿o son el mismo?).

El odiado . . .

Tras ser divinizado en el Antiguo Egipto, el gato formó parte de otros cultos religiosos influenciados directamente por la cultura egipcia. Así, Grecia y Roma asimilaron el culto a Bastet en las figuras de Artemisa y Diana, dos diosas asociadas a Bastet. No obstante, la Iglesia desde sus principios consideró al gato como una criatura demoníaca, debido a su relación con los antiguos “cultos paganos”. A pesar de esto, durante la Alta Edad Media se tenía en mucha estima a este animal, por sus habilidades cazadoras, y así los campesinos e incluso los conventos y monasterios hacían uso de él para acabar con los roedores.

El gato aparecía ligado al paganismo de la Edad Media a través del culto de la diosa Freya, diosa del amor y de la curación según la mitología nórdica. Esta diosa guardaba en su jardín las manzanas con las que se alimentaban los dioses del walhalla y en su iconografía aparecen dos gatos tirando del carro de la diosa.

Freya recorriendo el cielo en su carruaje tirado por gatos.

Debido al deseo de exterminar o asimilar hasta el último de los vestigios paganos que permanecían enraizados en la cultura popular, y de eliminar las diversas corrientes heréticas, satanizándolas, el gato se convirtió en victima de los miedos, el fanatismo y totalitarismo de la ortodoxia religiosa imperante.

Por si fuera poco, esa supremacía felina de la que gozaban en el antiguo Egipto se desmoronó poco a poco cuando, gradualmente, gente fanática e ignorante comenzó a asociarlos con las brujas y, por ende en esos tiempos, con el demonio. Y peor fue su suerte cuando la “Peste Negra” acacecida en el siglo XIV tuvo como consecuencia la desaparición de una tercera parte de la población europea (25 millones de muertos en un período de 20 años), especialmente el brote del año 1348. Junto a este cataclismo social aparecieron de nuevo los cultos paganos y esa gran lacra que fue la superstición.

La peste negra azota Europa.

Esta enfermedad social aunada a las guerras, hambrunas e inestabilidad social, consiguieron transformar cualquier realidad en brujería, siendo ésta la causa inicial de la larga persecución de los gatos, especialmente los negros. Sin duda influyeron las principales características del gato, como su carácter misterioso, su mirada intensa y penetrante, su gusto por la vida nocturna . . . así se explica que alguien que viera una mirada fosforescente en la oscuridad pudiera creer que estaba en presencia de un ente diabólico, como por ejemplo una bruja que hubiera adoptado la forma de un animal.

Misterioso felino . . .

Pero no fue el gato la única víctima de la superstición. Otros animales como los perros, sapos, búhos, ratones, murciélagos o comadrejas también sufrieron las consecuencias de estas ideas supersticiosas, y fueron perseguidos y condenados a ser ahorcados o quemados junto con las brujas que los habían inspirado (además de otras colectividades, como los judíos).

Gato y cabras asociados con las brujas.
Hans Baldung (Grien) El Sabbath de las brujas.
Grabado en madera de 1510,
el gatito está en la esquina inferior derecha.

La consecuencia generalizada fueron las famosas ceremonias del fuego celebradas en casi toda España y presididas por las autoridades eclesiásticas, que cubrieron en ellas con un barniz cristiano viejas fiestas paganas. En la época de la siembra o de la recolección agraria, los lugareños preparaban un fuego al que arrojaban los gatos vivos y luego extendían sus cenizas por los campos o hacían que algunos animales pasaran sobre las mismas, convencidos de que así aseguraban su purificación y fertilidad. Desde el punto de vista mágico que rige todo rito, si los gatos – al exterminar las ratas – aseguraban la abundancia, ¡qué mejor víctima que ellos para favorecer las cosechas! Los fuegos eclesiásticos fueron haciéndose extensivos a las más importantes fiestas cristianas.

 Más adelante, la Inquisición alentó esta “caza de brujas”, y de esta manera el papa Inocencio VIII y su bula de 1484, consiguieron establecer como habituales los sacrificios de gatos durante las fiestas populares. Acusado de ser ayudante del Diablo, el gato fue designado como el responsable de las calamidades que se cernían sobre la humanidad, y se convirtió en el chivo expiatorio de la cristiandad. En esa época, el pueblo se divertía con las hogueras para gatos, y cada región tenía sus propios rituales. Eran muy normales las quemas de gatos vivos durante las noches de San Juan. En algunos sitios se encendía una hoguera circular, dejando a los gatos dentro del círculo, y justo en el centro tenían un árbol como único refugio. Cuando las llamas se acercaban, ellos trepaban en masa sobre el árbol, para volver a caer inmediatamente en la pira.

Los gatos fueron asociados a la
brujería y demonismo.
(Los Caprichos de Goya, 1799).

En Metz (Francia), los habitantes fueron víctimas de una enfermedad epidémica en 1344, y naturalmente se culpó de ello a los gatos, como representantes de Lucifer. El gobernador ordenó levantar una hoguera y arrojar a ella 13 gatos. Este espectáculo se repitió todos los años hasta 1777, cuando la esposa del gobernador consiguió que se suprimiera “tan bárbara costumbre” . . . todo esto sucedió aun cuando Luis XIV derogó esta práctica influenciado por el cardenal Richelieu, quien era un enamorado de los gatos.

Otra fiesta parecida se celebraba en Ypres (Bélgica), donde se tenía la costumbre de arrojar gatos desde lo alto de un campanario. La costumbre existe todavía, pero ya sólo se arrojan gatos de peluche, y parece que los participantes se los disputan, pues ahora se considera buena suerte capturar uno de estos gatos.

En Escocia perduraron unas ceremonias hasta mediados del siglo XVIII en las que los gatos eran quemados como invocación al demonio, por lo que en este caso no era un ritual cristiano. El individuo que asumía esta responsabilidad sabía que debía llevarla a cabo de modo ininterrumpido, sin beber, sin comer y sin dormir durante los cuatro días que duraba la ceremonia, al final de la cual emergía de lo infiernos el diablo, transmutado en un aterrador gato negro y dispuesto a parar la matanza de gatos, a lo que el sacrificador sólo accedía si sus peticiones eran atendidas. Las demanda al maligno acostumbraban a ser de riquezas, aunque también se pedía disfrutar de la "segunda visión" , un poder más allá de los sentidos ordinarios que les permitiría conocer lo que ocurría en cualquier parte del tiempo y del espacio.

La cuestión es que en un momento tan delicado como el de la epidemia de Peste Negra, casi se acaba con la población de gatos en Europa, cuando en realidad éste era el mejor método para luchar contra la plaga, provocada por las ratas. Y todo ello debido a la intransigencia y el desconocimiento tan característicos de los humanos. Pero poco a poco, el gato fue recuperándose, y así, su eterno enemigo, el ratón, se convirtió en su salvador, al volver a su tarea en los graneros. Sin embargo, muchas de aquellas ideas supersticiosas sobre los gatos aún perduran entre nosotros.

No pasa indiferente.

Hoy día no escapamos a las condiciones medievales pues, en el mundo occidental es bien común la creencia de asociar al gato negro con la mala suerte (aunque hay excepciones, por ejemplo, en el Reino Unido). Para las personas supersticiosas, que se cruce un gato negro de forma súbita, es augurio de infortunios.

El gato negro, objeto de supersticiones.

En contraparte, en el Tíbet se les considera desde tiempos inmemoriales guardianes de reliquias y templos posiblemente por la robustez ostensible e inteligencia atribuidas a la variante siamesa que allí, en la cima del mundo, se desarrolla. Animal sagrado, venerado y a veces mimado excesivamente, en el seno del budismo tibetano se le considera acompañante en el tránsito obituario y, en los sueños lúcidos, el subconsciente del que sueña (o viaja) es representado por un gato gigante, obeso, mudo y bonachón.

Pero los gatos no son sólo bellos. Se tiene registro de que durante la batalla de Inglaterra, en uno de las Guerras Mundiales, muchos habitantes de Londres y de otras ciudades aprendieron a utilizar a sus gatos como sistema de alarma para conocer cuándo se acercaba un bombardeo. Observaron cómo, antes de que los aviones alemanes fuesen captados por los radares, sus pelos se erizaban y corrían hacia los refugios, comprendiendo que debían seguirlos sin perder tiempo. Gracias a ello se salvaron tantas vidas humanas que las felinos recibieron una medalla en reconocimiento a sus servicios.

Como sea, hay quienes seguirán prefiriendo a los perros por encima de los gatos . . . como sea, sólo os pido que, no por serles de poco agrado, lastimen a estos animalitos tan bellos.

Ciao y miau miau.


Fuentes:

4 Comments:

  1. Alberto said...
    Muy interesante este post sobre los gatos! Es increíble como se les ha admirado a lo largo de la historia, desde los egipcios y de la misma manera, han sido tan injusta y cruelmente maltratados. La actitud de los egipcios con los gatos era muy parecida a la que tenían con los galgos (yo soy amante de los galgos). Eran considerados tan valiosos, que sólo podían poseerlos la nobleza. A lo largo de la historia ha sido así. Hasta ahora, que no se les valora y masacra.

    Yo he tenido gatos y sé lo especial que es tener a uno de estos animales de compañía. Muy valioso.

    He caido en tu blog de casualidad. Me ha gustado mucho.

    Un beso.
    Gail Filis, the vampire cat girl. said...
    Alberto, ¡qué bueno que sepas lo que es tener un gato en casa! . . . realmente comprendes lo que estos hermosos seres aportan a nuestras vidas aun sus enigmáticos silencios. Cuídate mucho. Besos.
    Inès said...
    Sin lugar a dudas los gatos negros traen mala suerte, los 5 negros que tengo se apropiaron de mi cama desde que llegaron!!!!!
    Anónimo said...
    De pequeña siempre he querido ser veterinaria,ahora estoy en ello. Me encanta todo tipo de ser vivo a excepcion de algunos seres humanos con la naturaleza y seres vivos.
    Tengo dos gatos en casa ,siempre tal nobles y cariños a su dueño . Cada dia me sorprenden con una cosa nueva.
    Estoy enamorada de ellos.La pena q aqui en Europa no tengamos tanta informacion como de lo perros.
    Son seres estupendos y maravillosos.
    Muy interesante y espectacular este blog.He caido por casualidad en el.Gracias x ello.
    Un Beso.

Post a Comment



Template by:
Free Blog Templates