lunes, 1 de marzo de 2010

El cementerio victoriano de Highgate.


Habemos ciertas personas en el mundo que gustamos de los cementerios, no por su olor a muerte y misterio (que ya de por sí  los tornan misteriosos y atractivos) sino por las grandes historias que encierran aunadas a la belleza insólita arquitectónica que algunos sitios suelen poseer. En esta ocasión quiero hablarles de un lugar más que increíble: el cementerio de Highgate, en Londres Inglaterra.

Un bello lugar para visitar . . .

Créanme que esto nada tiene de espantoso, de hecho, la gente de la época Victoriana creía que la muerte era un evento que debería ser marcado con tantas ceremonias como fuere posible, en parte a eso se deben las enormes esculturas en lugar de lápidas . . . aunque también su magnificencia denotaba la posición económica y social de la familia del fallecido. En fin, esas ideas - y el dinero suficiente - hicieron de Highgate un jardín digno de cuento de hadas repleto de hermosas esculturas.

 
Imágenes varias de Highgate . . .

Los inicios.

Todo comenzó a mediados del siglo XIX, cuando la población de Londres tuvo un extraordinario crecimiento (en 50 años aumentó de 1 millón a 2,3 millones de habitantes) y, por si fuera poco, los cementerios contiguos a las iglesias comenzaron a saturarse.  Fue por ello que decidieron se crearan 7 grandes cementerios privados en el extrarradio de la ciudad para mejorar las condiciones de salud pública de la capital británica  de aquel entonces.


Posteriormente, la Compañía Londinense de Cementerios (London Cemetery Company) abrió Highgate en 1839 (ala Oeste) y su popularidad creció tan rápidamente que en 1854 tuvo que inaugurarse una extensión – el ala este – cruzando la avenida – dando así una extensión total de 37 acres de tierra disponible para los difuntos. Con estas grandes construcciones ya no había problemas de espacio, y por eso  estos lugares se emplazaron en grandes zonas verdes, con sus avenidas y calles, de las que los londinenses disfrutaban paseando en familia para gozar de la belleza y serenidad locales. 

Puertas principales de Highgate.

El diseño . . .

El cementerio está dividido en dos secciones: la oeste, más antigua, y la este que conectan por el camino de Swain’s Lane. Se cuenta, aunque no sé si es una leyenda urbana, que existe un pasadizo subterráneo actualmente en desuso entre las dos zonas que permitía que los ataúdes se trasportasen de un lado a otro del cementerio.

Planos generales de las alas del cementerio.

La Zona Este es la más reciente y también la más discreta en cuanto a mausoleos, sin embargo, puede decirse que ciertamente es un lugar que invita a dar un paseo. Está abierta durante todo el día y es la más visitada debido a que en ella se encuentra la tumba y monumento a Karl Marx. En su margen el borque sigue avanzando sobre las lápidas y los caminos están rodeados de una espesa vegetación entre la que se adivina de vez en cuando ángeles  pétreos mirando al cielo y cubiertos de brazos verdes que los atraen hacia el lado más salvaje, donde la naturaleza avanza implacable. No hay que perderse el mausoleo de la familia Dalziel, una impresionante obra de arte.

Un lugar perfecto para los amantes de las fotografías.

Tumba - monumento a Carlos Marx.

Mausoleo de la familia Dalziel
(reconocido por sus puertas verdosas en bronce).

Las personas de la época Victoriana estaban fascinados con los egipcios, quizá porque ellos también estaban preocupados por la muerte . . . y esto también se ve reflejado en la zona Oeste del cementerio con la espléndida Avenida Egipcia la cual está dominada por dos obeliscos enormes decorados con papiros y hojas de loto y  flanqueada por puertas de mausoleos sustentados por enormes columnas. Esta avenida desemboca en el ‘Lebanon Circle’, una plazoleta circular rodeadas de más construcciones funerarias y presidida en el centro por un cedro del Líbano que según parece cuenta con más de trescientos años. También tiene catacumbas, totalmente abandonadas, con capacidad para 840 ataúdes. Otras áreas bien conocidas de esta ala son las Catacumbas de Terrace y el Mausoleo de Julius Beer.

Imágenes de la Avenida Egipcia.

El Círculo del Líbano.

el cedro del Líbano de 300 años de edad . . .

Las escaleras del Columbarium.
(El Columbarium era el sitio donde se guardaban
las urnas con los restos de las cremaciones)

Catacumbas de Terrace.

Mausoleo de Julius Beer.
(dentro de él hay un relieve memorial
en honor a su hermana).

Datos sobre este cementerio . . .

1. Este cementerio tiene un aire misterioso, al más puro estilo del romanticismo becqueriano, que resulta muy interesante para los amantes de la fotografía. En él yacen 168,000 ex-personas en 52,000 tumbas; no obstante, su encanto no se queda sólo en  interés arquitectónico pues es el lugar de reposo de conocidas personalidades como George Elliot, escritora; Michael Faraday, padre de la electricidad; Tom Sayers, campeón boxeador de puños desnudos; y muchos otros más . . . aunque tal vez el más remombrado de todos ellos sea Carlos Marx, el de los pelos faciales largos.

La tumba de Michael Faraday.

2. Ha sido fuente de mitos y leyendas; por citar un ejemplo, aquí fue donde Bram Stoker se inspiró y ambientó su novela Drácula, aunque cambió el nombre del cementerio por el de Kingstead para despistar. Cierto es que el escritor pertenecía a una famosa sociedad ocultista: la Golden Dawn, y los ocultistas -como Bourre- pretenden que Stoker conocía la existencia de vampiros en Highgate (¿?), y por eso eligió ese cementerio para ubicar las andanzas de Drácula en Inglaterra. Sin embargo es más probable que sea al revés, es decir, que los aficionados a los vampiros hayan acudido a Highgate porque ese es el cementerio del ficticio Drácula. El verdadero nunca salió de Rumanía… o al menos eso es lo que se sabe  O_O.

El autor y su obra.

3. Se cuenta que en este cementerio anda rondando un vampiro (sí, así como lo leyeron). Estos rumores más bien se deben a un sujeto llamado Sean Manchester (nacido en 1950), quien se autodenominaba "cazavampiros" y decía haber matado a treinta vampiros. En una entrevista concedida a la Radial Press en el año 1990, Manchester declaraba que "les había clavado una estaca en el corazón, luego les había cortado la cabeza y, por último, había quemado sus restos". Quizá luego volvamos a hablar de él en temas posteriores ^_^.

El obispo Sean Manchester.
(no sé quién da más miedo, el vampiro
o él . . . ja, ja, ja).

4. Personas "psíquicas" visitan el cementerio en busca del vampiro o fantasmas. Y a tal grado que ya hasta existen asociaciones para esta actividad, por ejemplo, tenemos a la British Psychic and Occult Society lidereada por David Farrant.

David Farrant
(¿ya vieron su mirada? da escalofríos ^_^U )

5. Es un buen lugar para inspirar a los artistas. Un buen ejemplo de ello es Victoria Frances, una reconocida ilustradora valenciana.

Victoria Francés y algunas de sus obras
(la verdad es que su trabajo es tan vasto
que este ejemplo no le hace justicia).
En el olvido . . .
 
A medida que el bosque iba enredándose en los ángeles y cruces, cubriendo las lápidas menos ostentosas, las historias de terror también entretegían el misterioso pasado del cementerio de Highgate. Desde cacerías de vampiros a ceremonias mágicas relacionadas con sectas, que encontraban en esta increíble obra de arte victoriano, el escenario perfecto para sus supersticiones y hechizos..

Algunas de escenas de tumbas cubiertas por vegetación.

Pero los tiempo más oscuros ya han pasado, o al menos eso es lo que percibe el visitante, que desde los años 90 puede visitar el lugar, gracias a la labora de recuperación y conservaciónn de los ‘Amigos del Cementerio de Highgate‘, que son quienes gestionan el lugar a través del cobro de 3 libras con derecho a hacer fotografías. También se puede buscar información sobre tours guiados y especiales para grupos en la página de la asociación.

Vista aérea del cementerio,
(una sección enorme por conservar ¿o no?).

Bueno, ya para finalizar les dejo algunos "videos" (más bien son montajes de fotos) que nos muestran escenas de las diferentes áreas del Cementerio. Con respecto a la música que traen, pues ésa yo no la escogí ^_^U a mí me gustaria más que tuvieran canciones de Dead can Dance como fondo. En fin . . .
  • Ala Oeste:

  • Ala Este:




Fuentes:

http://www.highgate-cemetery.org/
http://www.highgatecemetery.net/
http://geanderson.wordpress.com/2008/05/25/the-secret-garden
http://www.3viajesaldia.com/cementerio-de-highgate/

jueves, 14 de enero de 2010

Jugando con eras pasadas: de nuevo la época Victoriana.


Otra vez he perdido el sueño, ya van dos veces que sucede en este mes apenas incipiente . . . mucho se dice que puede deberse a preocupaciones y asuntos sin resolver que nos llevamos a la cama, mas en mi caso no recuerdo tener alguno. Quizá sea aburrimiento, tal vez empiezo en "la edad de los nuncas" (a mí nunca me pasaba esto, yo nunca había sufrido de aquello) o simplemente ya es hora de que este gato deje de buscar aventuras en su propio tejado y se lance de nuevo a la vorágine de la actividad citadina después de 6 meses de haraganería y juerga.


Pero de los males, este es el menos . . . y me lo resuelvo con gusto. Como habrán notado, soy una eterna enamorada de las épocas pasadas (las bellas épocas) pues la historia es la mejor novela que puede leerse según mi muy particular punto de vista. No me estanco en el ayer, sin embargo, me da una gran curiosidad saber qué costumbres y modus vivendi  tenía la gente de aquel entonces, sus códigos y normas, la indumentaria según la moda imperante y toda esa gama de aparentes frivolidades que amalgaban esos años.


Y como el volver a dormir lo miro un tanto lejano, me he puesto a jugar on-line con unos programitas que ofrece el McCord Museum of Canadian History. Por el momento no me llama la atención saber qué sucedió en Canadá particularmente, pues lo que busco es algo que remonte mi mente a esa llamada época Victoriana. Si deseas darte una vuelta por allí, te dejo los links de los juegos. De una vez os advierto que están en inglés, no obstante, ponen a prueba tu conocimiento general sobre las normas sociales victorianas. Ojalá los disfrutes tanto como yo ^_^.


El portal

Este se trata de comportarse como una dama o un caballero, según se elija, en diferentes situaciones cotidianas. Primero debes elegir un personaje (hombre o mujer) haciendo click en uno de los retratos que están sobre la chimenea y luego debes situar la mosca (el cursor) nuevamente sobre el personaje que escogiste.

Situando a la mosca

Luego desplázate por las diferentes locaciones: el parque, la casa, la estación de tren y en una fiesta de gala. Según aciertes o no en tus respuestas, te irás sumando o restando puntos y verás sí pudieras haber sido una dama o caballero victoriano. El jueguito viene con música incluida y sonidos "de ambientación" ^_^.

Las locaciones

Si ya quieres ir a probar suerte, abajo de la siguiente imagen
encontrarás el vínculo.





El portal

Este otro más bien es para chicas que saben un poco de cómo han evolucionado los vestidos a través del tiempo; si no es así, la experiencia pudiera resultar un poco frustrante, aunque informativa, al ir adivinando las piezas de la ropa. Lo bueno es que te dan una respuesta de cómo era la moda de la década en cuestión.

Las respuestas o claves.





El portal

Y el último de esta madrugada trata sobre la fotografía . . . hasta en eso había detalles qué atender. En este juego se elige ser una dama o un caballero que va a un estudio fotográfico, tan novedoso y mágico en ese entonces, para tomarte una fotito de manos de un personaje muy aclamado y prestigiado: William Notman, el fotógrafo de la reina.

Eligiendo al personaje

Aquí pondrás a prueba tu refinamiento y debes escoger la mejor opción para tu personaje: elegir el vestuario, cómo hacer la cita con el fotógrafo, cómo posar, etc. Está muy entretenido al igual que el primero que les mostré.

Durante el juego




Por el momento es todo, necesito dormir y ya conseguí un poco de sueño después de jugar un rato y hacer este post para compartir el ocio con ustedes; además hace mucho frío y mi cama está calientita. Si quieres seguir jugando aquí encontrarás más programitas para disfrutar: http://www.mccord-museum.qc.ca/en/keys/games/

Nos leemos prontito, miau miau.




lunes, 2 de noviembre de 2009

Memento mori: la fotografía post mortem victoriana.





 Este post no es apto para personas "sensibles".







 
Buscando cositas por aquí y por allá, me encontré algo que ya había visto en alguna ocasión gracias a que una mujer mayor de edad me contó de ello y me mostró una prueba muy explícita: la fotografía post mortem. Se trata de una antigua costumbre (muy tétrica, para mi gusto) muy común en el siglo XIX que consistía en hacer un retrato del ser querido recientemente fallecido como símbolo del afecto que se le tenía; sin embargo, aunque se considera poco apropiado y hasta morboso en nuestra época actual, en la era victoriana "tomarse una foto" era un lujo bastante caro que pocas personas podían costear debido a que no estaba popularizado este arte y no habían muchos fotógrafos cerca, de hecho, sólo se pensaba en retratarse en momentos realmente importantes. En muchos casos esa era la única foto que existiría de la persona, por lo que valía la pena tomarla aun si ésta ya había muerto.
 


Lo anterior básicamente consistía en vestir al difunto con sus ropas personales, maquillarlos y abrirles los ojos con cucharas (en ocasiones se debió retocar los ojos manualmente con pintura) a fin de que se vieran como personas vivas para convidarlo de un último retrato grupal ya fuere con sus compañeros, familiares o amigos, o bien retratarlo individualmente. Algunas de las fotografías post mortem lucen cadáveres maltrechos con varios días de haber sucedido el evento, esto era generalmente porque la familia tenía que esperar a que llegara el fotógrafo o incluso, ellos mismos ir al estudio con el cadáver a cuestas, lo que sumaba días y días de descomposición. Por todos esos retoques, maquillaje, manipulación, inexpresividad y rigidez en el cadáver es que muchas fotografías tienen un resultado característicamente macabro al forzar demasiado el gesto del cuerpo inerte.



A la persona frecuentemente se le fotografiaba en una cama o en su ataúd como si estuviera durmiendo, sin embargo, en ocasiones también lo sentaban en una silla o alrededor de sus familiares; hay algunas inclusive que los muestran "cenando" en la misma mesa que la familia que les sobrevivía, los bebés difuntos en sus carros junto a sus padres, en su regazo o con sus juguetes y los abuelos fallecidos con sus trajes elegantes sostenidos por su bastón (para mantener erguida a la persona se le colocaba una varilla en la espalda). Otras veces agregaban elementos icónicos, por ejemplo una rosa con el tallo corto dada vuelta hacia abajo para señalar la muerte de una persona joven, relojes de mano que mostraban la hora de la muerte, etc. El motivo por el cual -en ese entonces- este tipo de imágenes no eran consideradas morbosas, puede deberse al ideal social que se gestara en la época del Romanticismo, en donde se tenía una visión nostálgica de los temas medievales y se concebía la muerte con un aire espiritual y sumamente sentimental, llegando algunos a verla de hecho como un privilegio. Era un acontecimiento que debía rememorarse como parte del ciclo al que todo ser humano está "destinado" y debía tenerlo presente en vida para obrar de la mejor manera posible.



A las fotografías post mortem de niños se les conocía como “angelitos” en el siglo XIX y teniendo en cuenta el alto índice de mortalidad infantil de dicha época debido a los escasos recursos médicos en esos tiempos para combatir la viruela y la fiebre amarilla, entre otras cosas, no es de extrañar que los retratos de niños sean los que abunden y tiendan a ser las más desgarradoras especialmente cuando el niño aparece junto a sus juguetes o en brazos de su madre. Por citar un ejemplo que explique lo frecuente que era la muerte en ese entonces podemos decir que en una familia común sumaban entre 8 y 10 hijos, de éstos solían fallecer la mitad; ese contexto, las fotografías del niño fallecido junto a sus padres y/o hermanos estaban comprensiblemente aceptadas.



Cabe mencionar que la práctica de este tipo de estampa familiar nació casi con la misma fotografía (un 19 de agosto de 1839) en París, Francia, y luego se extendió rápidamente hacia otros países; no obstante, el hecho de fotografiar muertos tiene antecedentes pre-fotográficos en el Renacimiento, donde la técnica era el retrato por medio de la pintura en el llamado memento mori: otra técnica de la época medieval donde se concebía que el fin era inevitable y había que estar preparados.



Ahora bien, en la Época Victoriana (1837-1901) había muchas modas en cuanto a normas de etiqueta se refería . . . y la muerte no escapaba a ello; todo fue debido a la manera en que la Reina Victoria de Inglaterra guardó luto por el resto de sus días a causa del fallecimiento de su esposo, el Príncipe Alberto, en 1861. Lamentablemente este tema no viene al caso por ahora y lo trataré después en otro post. ^_^


 
Fuentes:
http://es.wikipedia.org/wiki/Fotograf%C3%ADa_post_mortem
http://lorelei1.wordpress.com/2006/09/28/reglas-y-costumbres-del-luto-en-la-epoca-victoriana/
http://webinteresante.com/?tag=fotos-post-mortem
http://www.guerrillapop.com/blog/arte/la-fotografia-post-mortem
http://www.foro-cualquiera.com/informes-frikis/113873-fotografia-post-mortem-la-historia.html
 
NOTA:
Sólo publiqué las fotos que están más o menos "tranquilas" porque hay unas realmente macabras en la red que sí producen cierto miedito, sobre todo por el rigor mortis y el estado de descomposición del cadáver.

miércoles, 28 de octubre de 2009

El lenguaje secreto del abanico . . .

En el manejo y juego del abanico se aprecia la distinción de las
damas y hasta las mujeres más bellas y elegantes si no saben
manejarlo con gracia y donaire, caen en el ridículo mayor.

- Madame de Staêl

Desde que tengo uso de razón, los abanicos me encantan . . . en parte por eso adoraba mis clases de Flamenco (que por el momento están en pausa) y la cultura japonesa antigua. Esta vez quiero compartir con ustedes el gusto que tengo por este objeto tan singular no sólo mostrando unas fotos recopiladas de aquí y allá, sino un extracto muy interesante sobre el empleo y significado que las damas de sociedad dieron a este bello artilugio.



Se sabe que el abanico tuvo desde la antigüedad clásica distintos usos, primero bajo el nombre de ventarola , sólo se permitía a los grandes aristócratas para mantenerse frescos. Este uso se mantuvo hasta que en la Edad Media, llamado flabellum apareció durante las liturgias para espantar moscas en el altar. En el siglo XIV se incorporó con plenitud a la vida civil, en su forma plegable; su origen lo disputan Japón y China, de donde fue importado por los portugueses. En 1678, en Francia se formó el primer gremio de maestros abaniqueros quienes los decoraban, distribuían y vendían.

Desde la edad media y hasta fines del siglo XIX el honor fue una cuestión fundamental, un bien que los hombres cuidaron incluso con su vida y que podía quedar lastimado para siempre ante la difamación. La palabra debía manejarse con prudencia; por esta razón se crearon lenguajes secretos, y la sabiduría popular equiparaba el batir del sable con el del abanico.



El silencioso código de los mensajes no sólo cubría o descubría rostros, sino también intenciones, fantasías y deseos, en un juego de urbanidad y donaire: los abanicos fueron objetos de un lenguaje secreto utilizado, sobre todo, para el juego del amor. Cerrado o expuesto, detenido o en movimiento, el ventalle atendió un deseo fundamental de comunicación velada entre los amantes de los siglos XVIII al XIX.

Espantadores, ventarolas y battoirs.

De antigua tradición ceremonial –para la alta aristocracia y los usos litúrgicos–, el abanico se volvió objeto de uso cotidiano desde el siglo XIV cuando apareció su modalidad plegable que tuvo una popularidad inusitada. Su origen –sin duda asiático– tiene en el imaginario japonés una bella leyenda sobre un hábil artesano quien se inspiró en las alas del murciélago para su diseño.



Pintar abanicos

El biombo del pudor, llamado así por Moliere, apareció en la pintura casi al mismo tiempo que en las cortes y se volvió un elemento iconográfico fundamental que llegó a suplantar a otros símbolos de aristocracia como los libros y los pañuelos. El modelo del retrato de María Rafaela Rodríguez y Amador, con abanico y pañuelo en las manos, se puso de moda en el siglo XVIII, en especial a partir del retrato que Miguel Jacinto (1696 – 1734) hizo de la Reina María Luisa Gabriela de Saboya en 1708.



En la tradición retratística el ventalle aparecía cerrado, o puesto con discreción sobre las piernas, mientras que los maestros abaniqueros decoraban sus países –papel, piel o tela que cubre la parte superior del varillaje del abanico– con imágenes basadas en la pintura galante de Watteau y Boucher. Durante el siglo XVIII y hasta mediados del XIX, los idilios pastoriles y las fiestas campestres fueron temas populares para decorar los abanicos, como la escena en la que aparecen un grupo de hombres y mujeres quienes sobre el césped intercambian frutos y palabras en un juego galante; al reverso, una pastora con su rebaño a orillas de un arrollo detrás del caserío.



El juego del amor.

(El abanico) cetro de la locura que rige a todos los mortales.
- O. Uzanne, segunda mitad del siglo XVIII.

Ante la obediencia y pasividad que se exigía a las mujeres, el lenguaje secreto del abanico fue un espacio para la libertad de expresión y un refugio para la prudencia. Sin embargo, la retórica amorosa no fue la misma en todos los sitios ni en todas las épocas. Para el siglo XVIII ya tenía una historia, y cuando las frases eran pudorosas, la educación era transmitida de madres a hijas; el lenguaje del coqueteo se aprendía amiga a amiga, o entre amantes.



También la literatura tuvo un papel protagónico en la educación de poses y frases. En España circularon a fines del siglo XVIII una serie de estampas, publicaciones y juegos con muestrarios que actualizaban a la población en el lenguaje del abanico: Modas de Madrid de José Vázquez (1768 – 1804); El juego de preguntas y respuestas, José Asencio y Torres (1759 – 1820), impresor; Colección General de los Trajes que en la actualidad se usan en España: principiada en el año 1807 en Madrid, Antonio Rodríguez (1765 – 1823?) y José Ribelles y Helip (1778 – 1835); Trajes de España, Juan de la Cruz Cano y Olmedilla (1726 – 1790) y Manuel Albuerno (1764 – 1815). En 1830 se publicó en París Le langage de l´ éventail por J.V Duvelleroy. Para fines del siglo XIX, la tarjeta postal tomó el papel divulgador, sobre todo en los retratos de actrices famosas.

En el juego del abanico había mucho que ganar y también mucho qué perder. En la Rusia del siglo XVIII para decir “te amo” se escondía los ojos detrás del abanico, pero si la dama se equivocaba y los deslizaba detrás del preciado accesorio, entonces corría el riesgo de evocar lo que en Francia significaba “vete por favor”. Otro movimiento que podía resultar problemático tenía que ver con tocar ligeramente la boca en repetidas ocasiones: “¿puedo hablar contigo en privado?”; si el amante sólo observaba el abanico apoyado en los labios sin las repeticiones entonces entendería “bésame”.

Algunos gestos eran más comunes: abanicarse despacio significaba que la dama no podía ser conseguida; “me eres indiferente”, en Andalucía, o “estoy casada” dirían en París. Ofrecer el abanico era como entregar la confianza: “me agrada usted mucho”. Apretarlo sobre el corazón: “soy tuya de por vida”. También los flancos del cuerpo intervenían en la compleja semántica del amor. En general, lo relacionado con el lado izquierdo implicaba discreción, cambio de planes o negativas: ocultar la oreja izquierda con el abanico abierto significaría “no reveles nuestro secreto”; mantenerlo cerca de ella “quiero que me dejes en paz”; colocar el ventalle o el pañuelo sobre la mejilla de dicho lado “no”. En contraparte, el lado derecho aceptaba. Si se aplicara la regla del lenguaje andaluz de fines del siglo XIX al retrato de Ana María Irigoyen de Echenique, por el número de varillas sin abrir, se podría entender que la dama confirmaba la hora de una cita, y en este caso el mensaje sería: te veo como acordamos a las ocho.



En los objetos para el lenguaje secreto los amantes pueden sellar sus lazos. Códigos que discretos viajan entre caídas de pañuelos, batir de abanicos, guardapelos. Enigmas que permanecen indescifrados en el tiempo, como el que guarda la miniatura de una dama mexicana pintada hacia mediados del siglo XIX y que sostiene el abanico con la mano derecha mientras lo acerca a la oreja del mismo lado. Sólo se puede suponer que en Rusia diría: “sí, te estoy escuchando”, aunque en México, estando de moda el sistema franco – español, le susurrara a su amado con dulzura: “no me olvides”.







Fuente:

Extraído de El abanico, biombo de pudor por Eva María Ayala Canseco (curaduría e investigación). Folleto del museo Soumaya de mayo de 2008.
http://www.romerodiaz.com/paginas/ListadoProductos.aspx?categoriaid=3&ultimaFila=8
http://www.diputaciondevalladolid.es/cultura_edu/exposiciones_d.shtml?idboletin=486&idarticulo=20072&idseccion=4717



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